miércoles, 28 de diciembre de 2011
Diario II
Ahora me siento mejor.
Sigo teniendo miedo, pero me siento mejor.
Al pensar en toda mi familia, he perdido la cabeza. ¿Qué sería de Miguel, de mis padres… de Tamar, Dani, Ismael…mis sobrinos…? No sé nada de ellos, ni puedo imaginar que les habrá pasado, pero Isaac tiene razón. No soy la única que sufre por eso. De hecho, debería ser la que menos…
Salvo Rafa y Marta, los demás no tienen a nadie. Y yo tengo conmigo a mi hermano y a mi novio Dani, con el que iba a casarme. Supongo que ahora lo de menos es la boda… Dani… No se merece que le gritara así. El sólo quería ayudarme. Aunque quizá fue lo mejor. Nada podía ayudarme tanto como el abrazo de mi hermano y sus palabras de ánimo.
Se acabaron los sueños, pero estamos vivos y hay que luchar por sobrevivir.
Sobrevivir…
viernes, 23 de diciembre de 2011
¡Feliz Navidad!
jueves, 22 de diciembre de 2011
Capítulo 7
Parecía que la cosa iba bastante bien. Cada grupo encargado de una tarea. Elena y yo habíamos acabado con la mierda de engendro ese y ¡no veas que placer! ¡Pero no! ¿Por qué tuve que distraerme? ¿Es que nadie se había preocupado de cubrir nuestras espaladas? Uno de aquellos zombis se nos había acercado sigilosamente. ¡Joder! Si con razón digo yo que me ha mirado un tuerto. Noté como sus manos agarraban mis hombros y me tiraba al suelo. Era increíble la fuerza que podían llegar a tener esos bichos.
Después de unos minutos de lucha que a mí me parecieron horas abrí los ojos y me encontré sentada en el patio lejos de todo aquello. Quizás no hubiera cerrado los ojos en ningún momento. Podía ver ajetreo a mi alrededor, escuché como algo retumbaba. ¿La puerta cerrándose?. No sé cuando levanté la vista estaba en el salón Dani y Rafa me estaban limpiando la sangre que empapaba mi cuerpo. Intenté hablar pero no conseguí articular palabra alguna. Todo parecía moverse como si estuviera en la cubierta de un barco. Dirigí la mirada a Rafa y cuando él me miró solo me dirigió una leve y tímida sonrisa.
Miré a mi alrededor y todos se movían agitadamente de un lado a otro salvo Isaac, que solo bebía y fumaba con la mirada fija en la pared. Dios mío lo que daría por un cigarro. Dani y Rafa se levantaron y me acompañaron arriba a una de las habitaciones y allí me acostaron. Dani se marchó nada más dejarme pero Rafa se quedó allí conmigo unos instantes.
-Tienes que descansar algo.- me dijo nada más salir Dani por la puerta.-
-¿Me han…?- me daba miedo preguntárselo.
-No te han tocado tranquila, no tienes nada.- me respondió sonriendo.-Ahora descansa yo estaré aquí mismo.
Me tumbé en la cama y me di cuenta de todo el cansancio y la tensión que tenía acumulada y caí rendida en cuando puse la cabeza en la almohada.
. . .
Habíamos subido un colchón del salón arriba a una de las habitaciones para que Marta descansara. Tuvimos cuidado de que diera al lado opuesto a la entrada, en la que ahora mismo se congregaban decenas de zombis. Aún seguía un poco aturdida pero lo peor ya había pasado. Gracias a Dios no estaba herida. No sé cómo habría reaccionado Rafa…
Tampoco me hubiera gustado estar en su lugar. Si a Elena le pasara algo, no sé qué haría.
Bajé y di la noticia al resto de que todo estaba en orden. Respiraron aliviados e Isaac me puso al corriente de lo que le había tocado vivir junto con Joaquín, que volvía de inspeccionar las defensas de la casa.
-Está todo en orden. Con las cosas que hay aquí, más no creo que se pueda hacer.- sentenció mientras se dejaba caer en el una de las sillas.- Aún así me preocupa la cantidad de zombis que se acumulan en la entrada. Podríamos reforzar el mecanismo de cierre que ha hecho Marta pero solo los entretendría un poco más. Al final... Bueno, es irremediable que entren.-
No sé si fui al único al que le dio un vuelco al corazón pero las palabras de Joaquín me sentaron como un jarro de agua fría. La sola idea de pensar que nuestro refugio podría ser vulnerable me incomodaba bastante.
-¿Cuándo?- preguntó Isaac saliendo de sus cavilaciones.-
-No lo sé Izzy, no soy ningún experto.- replicó mientras se sacaba un cigarro.-
-Izzy… Así es como me llama un buen amigo.- sonreía por primera vez desde que empezó todo.- Habrá que trazar un plan de emergencia por si nos invaden. ¿Qué se te ocurre?
-Ahora nada, pero no duraríais ni tres días sin mí, eso seguro. – dijo Joaquín mientras se encendía el cigarro y reía entre dientes.-
Elena, que apenas estaba atenta a la conversación, levantó la vista hacia su hermano.
-Oye Isaac, ¿No sabes nada de nuestra… nuestros…? -dijo Elena titubeante.- No pasaste por casa, has dicho, ¿ve… verdad?-
Su hermano Isaac negó con la cabeza mirando al suelo. Yo intenté darla ánimos.
-Estarán bien, cariño. No te preocupes.- le susurre mientras la pasaba un brazo por los hombros.
Ella me apartó de un empujón y me gritó.
-¿Cómo lo sabes? ¡Eh! ¡No tienes ni idea! Podrían estar… estar… ¡ya has visto lo que casi pasa con Marta! -dijo llena de rabia y salió corriendo del salón.
Hice un amago de seguirla pero Isaac se adelantó.
-Déjame a mí, Dani. Yo me ocupo.- y salió tras ella.
En el salón se quedo un silencio incómodo mientras Joaquín fumaba e Izzy removía las ascuas de la chimenea haciendo como que no había presenciado nada. En el fondo Elena tenía razón, acababa de recuperar a su hermano Isaac pero nadie podía dar ni un duro por el resto de su familia. Que cojones. Por el resto de ninguna de nuestras familias. Salí al patio a despejarme y me senté con la espalda apoyada en el muro mientras escuchaba afuera los golpes y gruñidos de los zombis intentando entrar. Empujando, golpeando, inexorables, implacables. ¿Cuánto tiempo nos quedaba aquí? Es más, ¿cuánto tiempo nos quedaba con vida?
Solo Dios lo sabría.
. . .
Me encendí un cigarro mientras bajaba las escaleras. Llevaba demasiado tiempo viendo dormir a Marta y tenía las piernas entumecidas.
En el salón alguien discutía.
Desde el pasillo pude ver a Dani visiblemente acalorado y a Isaac enfrente de él apurando el cigarro.
-¡No podemos arriesgarnos joder!- le gritaba a Dani.
Cuando entré se hizo el silencio por un momento. En el salón solo estaban ellos dos. Ambos me miraron y Dani tomó la palabra.
-Cree que debemos poner a Marta en cuarentena.- dijo señalando a Izzy.- Es una gilipollez. Le estoy diciendo que no la han mordido.-
-¡Que me da igual! Te estoy diciendo que si la sangre le ha caído en la boca o los ojos puede haberla infectado igual que una puta mordedura.- replicó Izzy.
Me pasé una mano por el pelo mientras le daba otra calada al cigarro sin saber qué hacer.
-No tenemos pruebas de ello.- respondí a Izzy.
-Ni tampoco de lo contrario.-
-Vete a tomar por saco tío. No tiene síntoma ninguno.-replicó Dani.
-¿¡Y cuáles son los síntomas!? ¿Has visto volver a muchos de ellos, acaso? No me la voy a jugar.- me miró- Lo siento pero creo que es un riesgo que no debemos correr.-
Negué con la cabeza. No sabía qué hacer. Era mi novia, si, y no deseaba que le pasara nada pero Izzy tenía razón. No podíamos correr riesgos. ¿Qué mierda de situación era esta en la que Dani tenía que velar por los intereses de mi novia y yo me quedaba mirando?
-¿Qué coño está pasando aquí? - preguntó Isaac acompañado de Elena.-
-Hemos escuchado gritos- añadió esta cuando cruzó la puerta-
Pusimos en situación a Isaac mientras yo me terminaba el cigarro y todo me daba vueltas en la cabeza sin saber que debíamos hacer.
-No hay por qué preocuparse- respondió Isaac después de escuchar lo que habíamos estado hablando.- Yo acabé embadurnado en sangre cuando escapamos del Burguer y no me ha pasado absolutamente nada. No hay de qué preocuparse.-
El ambiente en el salón era ahora más que raro. Sobre todo entre Izzy y Dani, que habían estado discutiendo por lo que ahora era una estupidez. Y yo que no quería saber qué pensaría Marta si supiera que habíamos pensado dejarla en cuarentena. Que incluso yo habría estado de acuerdo en mantenerla apartada de nosotros por precaución. Pero no había mucho tiempo para pensar en esas cosas porque entonces apareció Joaquín en la puerta.
-Tenéis que ver esto.- dijo mirándonos a todos- Ahora.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Diario I
Joder, esto se nos va de las manos. ¿Qué coño? En realidad no teníamos nada controlado.
Pero sobrevivimos…
Elena habla con su hermano Isaac y Joaquín se ha ido a revisar la seguridad de la guarida. Estoy seguro de que vendrá con ideas para mejorarla. Menudo ”manitas” de mierda… me alegro de que esté aquí.
He encontrado una botella de Ballantines a medias en la despensa. Así que me he servido una copa sin hielo ni coca-cola. Está fuerte de cojones pero, junto con un cigarro, es lo mejor que podía pedir para calmar los nervios. Aún me queda medio paquete de Marlboro pero cuando se acabe…no se qué voy a hacer.
No quiero molestar, así que me siento en el sofá a contemplar la escena.
Marta esta en shock, y Rafa y Dani no paran de buscar heridas mientras limpian la sangre. Llevan un buen rato así, y ni siquiera ellos están seguros de lo que ha pasado.
Si la han contagiado…
lunes, 31 de octubre de 2011
Capitulo 6
WhatsApp Messenger
Abel.Alcorcon/ Ult.vez ayer 13:21
Mensaje enviado a las 8:23 del jueves 21 de Mayo:
Esper q stes bien. Si es asi, cntsta xfavor. Nosotrs stamos atrinxerados y tenems comida. Contsta x dios.
Isaac.Rodriguez/ Ult.vez ayer 18:09
Mensaje enviado a las 8:25 del jueves 21 de Mayo:
Esper q sigas vivo. Cntsta si es asi x dios, tienes q cntstar. Stams atrinxerados y tnemos comida. Cntesta!
Marta.Chini/ ult.vez ayer 14:35
Mensaje enviado a las 8:28 del jueves 21 de Mayo:
Si stas viva contsta. Simplemnt cntesta…
Solté el móvil en la mesa y me pasé las manos por la cabeza. Detrás de mí aún humeaban los restos de la hoguera que habíamos encendido en la chimenea. Elena y Dani estaban preparando algo de desayunar en la parte de abajo. Isaac había bajado a la rampa del garaje a buscar algo con lo que recortar las barras de hierro para hacerlas más manejables. Marta estaba sentada a mi lado en la mesa del salón. Llevábamos toda la mañana intentando contactar con alguien a través del WhatsApp. Era lo único que seguía funcionando, internet. Y a duras penas. Habíamos intentado acceder a multitud de periódicos por internet, pero la mayoría de los servidores estaban caídos o las paginas sin actualizar. Marta también soltó su móvil y me miró. No hacía falta que dijera nada para saber que tampoco la había contestado nadie.
-¿Nada?- dijo mirándome fijamente.-
-Nada. Estamos solos, parece.- le respondí.
-No digas eso, aún pueden contestar. Y además sabemos de algunos vecinos que siguen en sus casas. Por las mañanas se pueden ver algunas chimeneas humear a algunas manzanas de aquí.- Era la que más se había empeñado en salir a buscar supervivientes. Pero el resto recelábamos de ello.
-Ya lo hemos discutido, Marta, aquí no nos fiamos de nadie que no conozcamos de antes. Ya sabes que…- un zumbido interrumpió la frase.
No sabíamos que era, hacía tanto tiempo. Pero al bajar la mirada ahí estaba la lucecita parpadeando. Cogí el móvil con las manos temblorosas y lo desbloquee. Un nuevo mensaje WhatsApp.
Mensaje recibido a las 8:37 del jueves 21 de Mayo:
Isaac.Rodriguez/ en linea:
Claro ke seguims vivos, dnd tais??? Joakin sta cnmigo. Estams bien pero no sabmos ke hacer. Ni sikiera hems dormido.
-¡Subid todos! ¡vamos! ¡vamos!- grité por el hueco de la escalera- ¡Tenemos supervivientes!
Al instante empezaron a subir todos rápidamente. Elena y Dani cargaban con los cartones de leche vasos y demás desayuno. Isaac llevaba la barra a medio partir apoyada en el hombro.
-¿Quién?- era la pregunta más repetida por todos.
-Es Isaac. Y Joaquín está con él- les dije cuando hubieron entrado todos en el salón-.
-Isaac… ¿mi hermano Isaac?- preguntó Elena.
Asentí con una sonrisa de oreja a oreja. A Elena se le caían las lágrimas de felicidad por el rostro ante la noticia de que al menos su hermano seguía vivo.
Mi móvil vibraba incansable en mi mano. Isaac se impacientaba. Lo volvía coger para tranquilizarle y contarle quienes estábamos allí. Leí en voz alta al resto cada mensaje que nos intercambiábamos. Quedamos en que en media hora tenían que estar aquí. Entrar por la calle que limitaba con el campo para evitar así cruzar todo el pueblo. Y nosotros intentaríamos abrirles camino hasta la puerta. Sincronizamos los relojes de los móviles con el de Isaac y empezamos a prepararlo todo. Salimos al patio delantero armas en mano.
-Bien sólo tenemos una oportunidad. Isaac y yo moveremos nuestros coches para bloquear la calle que sube. Dani y las chicas os encargareis de que nadie llegue por el extremo opuesto al que deben llegar Isaac y Joaquín. Una vez lleguen tenemos que meterles rápidamente en casa mientras cubrimos la retirada con los coches y volvemos a dejar todo como estaba.- me sudaban las palmas de las manos.- Hemos de esperar a que falten 5 minutos para que llegue y rezar porque sea puntual.-
Todos asintieron en silencio. Isaac se adelantó y se incorporó a la verja.
-Bien, tenemos uno justo debajo de la valla, habrá que matarlo en cuanto salgamos. En la acera de enfrente hay dos pero uno de ellos esta tumbado en el suelo con la cabeza apoyada en la pared. No dará problemas hasta que se incorpore y espero que tarde bastante.- todos lo esperábamos en realidad.- Al final de la calle hay tres más y por donde han de entrar Isaac y Joaquín otros dos. La calle de subida no se ve desde aquí.-
Volvimos a asentir.
-Aparcar con la puerta del conductor mirando a la casa para que cuando bajéis del coche no tengáis problemas- apuntó Dani.
-Cierto.-respondí- Sería una cagada bajar por el lado de los zombis.
Pronto no quedó nada más que decir, paseábamos inquietos por el patio dando golpecitos con nuestras armas a las baldosas, el olivo allí plantado o el muro. A falta de 10 minutos desbloqueamos la puerta de nuestro rudimentario pero efectivo cerrojo y nos lanzamos fuera. Sentía la bilis en mi garganta. Nunca había estado tan nervioso.
···
Rafa miraba nervioso su reloj. Yo giraba el hierro inconscientemente en un movimiento repetitivo. Ya apenas quedaba tiempo para ponerse en marcha.
-Yo me ocupo del de la valla- les dije a Marta y a mi novia.- ocupaos de que no se acerquen los demás.-
-¡Al lio!- gritó Rafa mientras Isaac abría la puerta y sacaba las llaves.
Salí justo detrás de ellos que ya estaban arrancando sus coche y atrayendo a todos los zombis con el sonido de los motores. Allí estaba el zombi, hacía unos segundos solo nos separaban 30 cm de piedra y una fina chapa y ahora ahí le tenía. Levante el arma y la descargue con fuerza sobre él. Le golpee en el hombro. Y se tambaleo dirigiendo su atención hacia mí. Entonces la furgoneta de Rafa aceleró y el zombi busco el origen de este nuevo sonido sin saber bien a que prestar atención. Aprovechando la distracción golpee con el hierro al zombi en la cabeza lateralmente. Pude ver como se deformaban sus huesos del cráneo y caía al suelo.
Busqué con la mirada a Marta y Elena. Estaban dando cuenta del zombi que estaba al otro lado de la calle mientras el segundo intentaba incorporarse desde el suelo. Jamás lo consiguió. Isaac apareció justo en ese instante y acabó con su no vida, o lo que fuera que tenían. Las chicas terminaron con su zombi y se giraron hacia los que venían por la calle que teníamos que cubrir. Me situé junto a ellas sin perder de vista el resto de la escena.
Los coches estaban donde debían estar, pero nadie se movía no había ningún zombi aún lo suficientemente cerca como para atacar. Aunque duró más bien poco, los zombis no se movían precisamente despacio aunque nunca llegaban a correr, y al fondo de la calle se podía ver como doblaban la esquina decenas de ellos atraídos por el ruido supongo. Isaac seguía sin aparecer.
-Mantengámonos juntos- les grité a las chicas mientras me colocaba a su lado para ayudarlas a rematar otro zombi.
Pronto el suelo fue un rio de sangre. Habíamos matado cuatro o cinco que ahora yacían a nuestros pies.
-¿¡Donde cojones están!?- pregunté y por respuesta a mis dudas como si hubiera estado alguien esperando a que la realizara el coche de Isaac apareció a toda leche por el final de la calle aplastando a su paso un puñado de zombis.
Rafa se puso a hacer señas con las manos para que pararan lo más cerca del chalet posible, mientras aminoraba la marcha Joaquín bajó del asiento del copiloto tijeras en mano y se lanzó a ayudar con los zombis que bajaban calle arriba mientras volvían a colocar los coches en la entrada y nos íbamos retirando. Fue entonces cuando bajamos un poco más la guardia y un zombi agarró a Marta por lo hombros. El grito se escuchó en Lima. Marta cayó al suelo y el zombi encima. Intentaba desesperadamente apartarlo pero no podía.
martes, 11 de octubre de 2011
Capitulo 5
Llevábamos varias horas allí sentados sobre el capó del coche sin saber que hacer. La ciudad a nuestros pies parecía un campo de batalla. Había varias columnas de humo que recortaban el cielo del atardecer, se podía distinguir algún movimiento esporádico en la lejanía de algún coche o persona o vete a saber que. Por lo demás todo era prácticamente silencio, silencio, y más silencio. Era todo lo que se escuchaba desde donde estábamos. El silencio, nuestra respiración y el rugir de nuestros estómagos. Esto último fue el detonante de todo.
-No sé tú pero yo me muero de hambre.- Joaquín rompió la calma que reinaban en el ambiente.
Asentí con la cabeza sin levantar la vista de la ciudad, más o menos a unas cuatro manzanas estaba mi casa. Y una enorme concentración de zombis también ya que estaba al lado del hospital.
-¿Qué sugieres?- le pregunté sin levantar la vista.
-Hay que bajar ahí tío y encontrar algo de comer. El supermercado está aquí al lado.
-El supermercado está al ladito del hospital Joaquín no es una buena idea.- me volví para mirarle, la verdad es que las tripas me iban a devorar por dentro como siguiera así.
-Algo tendremos que hacer macho. No he probado bocado desde las siete de la mañana con toda esta mierda.
A Joaquín le había pillado la hecatombe mientras trabajaba en el parque como jardinero. Primero la gente corriendo, según había narrado, eran pocos pero histéricos y poco a poco la locura se fue extendiendo. Preguntaron al subnormal que tenía entonces por encargado y les instó a seguir trabajando sin más. Ninguno de los que corría precipitadamente por la avenida o atravesando el parque respondía a ninguna pregunta. Poco a poco la gente se fue largando pero cuando llegaron ellos no quedó alma en aquel lugar. Joaquín había visto llegar a los primeros de aquellos zombis a una velocidad considerable para lo que suelen narrar los libros y películas. Al principio no sabía bien que eran pero cuando el primero de ellos llegó a su altura lo primero que hizo fue poner tierra de por medio como alma que lleva el diablo. Consiguió llegar hasta la avenida abriéndose paso a golpe de tijera y justo entonces le encontré yo.
Nos retiramos hasta las afueras de Móstoles y subimos a una colina cercana desde allí podíamos ver prácticamente toda la zona sur de la ciudad, incluido el hospital y sus alrededores.
-Sube al coche, vamos a ver dónde nos dan de cenar.- abrí la puerta del conductor mientras y monté.
-Si seguro que en algún restaurante siguen sirviendo cenas a esta hora.- respondió Joaquín sonriendo de oreja a oreja.
-Fuera de coña. ¿Dónde narices vamos?.
-El supermercado es un imposible, habría que mirar algún restaurante o bar de la zona.-
-Allí nos arriesgamos a que la comida no esté preparada y no me pienso parar a cocinar. Necesitamos un sitio donde no se pare de vender comida…
-¿Estamos pensando lo mismo?- dijo Joaquín.
-Vamos al Burguer- arranqué y nos pusimos en marcha.
Nos adentramos en la ciudad en cuestión de unos minutos y pusimos rumbo hacía el norte de la ciudad, teníamos que atravesar la ciudad entera prácticamente y no iba a ser un trayecto divertido precisamente. Respiramos aliviados al llegar a la avenida principal y ver que a pesar de los coches abandonados, estrellados, y demás obstáculos se podía avanzar a cierta velocidad, nos conformábamos con avanzar más rápido que los putos zombis que plagaban la calle. La mayoría de ellos se limitaban a mirar como pasábamos y antes de echar andar ya nos encontrábamos lejos y perdían el interés. Otros se abalanzaban hacía nosotros nada más vernos. Algunas personas estaban asomadas a los balcones y ventanas observando el panorama que se extendía bajo ellos, algunos nos señalaban al pasar, otros se encontraban fuera en grupos combatiendo a algún zombi aislado pero eran los que menos. Otros simplemente corrían huyendo del horror.
-Tio esto es una puta locura- Joaquín miraba por la ventanilla bebiéndose cada imagen que pasaba por delante.
De repente empezó a bajar la ventanilla a toda velocidad mientras buscaba las tijeras en el asiento de atrás del coche.
-¿¡Qué cojones haces Joaquín!?- grité mientras mi mirada iba de él a la carretera. Giré para esquivar un zombi que pasó cerca del lado derecho del coche al tiempo que Joaquín le estampaba un sonoro golpe con las tijeras en la cabeza.
-¡Que te den capullo!- gritó por la ventanilla sacando medio cuerpo fuera.-
Volvió a sentarse en el asiento y lanzando las tijeras en la parte trasera rompió a reír.
-¡Estas como una puta cabra!- le increpé pero no pude evitar sonreír.
Cinco minutos después llegamos al Burguer. Nos acercamos lentamente hasta el establecimiento. No había ningún zombi por los alrededores.
-Pararé justo en la puerta por si tenemos que salir pitando.- le dije a Joaquín mientras tiraba de freno de mano.
Nos apeamos del coche rápidamente, Joaquín empuñó sus tijeras y nos dirigimos dentro del establecimiento. La entrada principal estaba enfrente del mostrador después de cruzar todo el comedor . A la izquierda a media altura se encontraba otra puerta lateral. Al lado del mostrador los aseos. Estaba todo desordenado, mesas y sillas por los suelos, restos de comida en algunas zonas, etc. Todo parecía haber sido abandonado precipitadamente. Registramos rápidamente toda la zona incluida los baños y nos acercamos a la barra.
-Dos menús con hamburguesas y coca-cola gigantes por favor.- solté sin más como si me saliera del alma.
No podíamos resistirnos ya, rompimos a reír con lágrimas en los ojos. Necesitábamos liberar tensión y la risa nos ayudaba bastante la verdad. Cuando conseguimos recomponernos saltamos la barra y empezamos a arramplar con todo lo que podíamos cargar hasta que escuchamos aquel sonido que nos heló la sangre.
Volvimos a la carrera fuera de la cocina hasta la barra, y allí estaba en la puerta avanzando pesadamente. Detrás de él entró otro, y otro más. Pronto reparé en que alrededor del establecimiento pululaban al menos cinco más de aquellos zombis. Salté la barra con celeridad y agarré la silla que tenía más próxima.
-¡Date prisa Joaquín!- grite sin volver la cabeza mientras le lanzaba la silla al zombi que tenía más cerca.
Pateé una mesa contra el segundo zombi que le golpeó las rodillas y cayó estrepitosamente sobre el cuerpo de su compañero. Pero entonces aquel tacto me helo la sangre, hizo que se me erizaran los pelos de la nuca y que se me formara un nudo en el estómago. Algo me aferraba fuertemente el antebrazo derecho. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido?, mientras combatía a los zombis que venían de frente dos de los que rondaban por fuera habían conseguido entrar por la puerta lateral y ahora uno de ellos me tenía agarrado. Todo sucedió a gran velocidad. Como un impulso que yo no controlaba mi puño izquierdo fue a estamparse contra la cara del zombi. Fue más un acto reflejo presa del miedo que un golpe premeditado. Al mismo tiempo noté disminuía la presión en mí brazo pude ver la silla lanzada por Joaquín contra el zombi y a este caer de espaldas. Entonces Joaquín tiró de mí para que me moviera.
-¡Vámonos Isaac maldita sea!.- me grito mientras se agachaba a recoger las bolsas con la comida. Sus tijeras bamboleando en el cinturón . Salí pitando detrás de él y abriéndonos paso a golpes montamos en el coche.
-¡Arranca! Arranca! ¡Arranca! ¡Arranca!- grito Joaquín insistentemente.-
miércoles, 11 de mayo de 2011
Capítulo 4
20 de mayo. Un buen día para desatarse el apocalipsis. Bueno, ¿qué cojones? Cualquier día era bueno, supongo. Trabajo en el hospital de celador, o más bien.. trabajaba en el hospital. Y yo que me quejaba de que tenía días difíciles. Para dificil el de ayer.
Aún recuerdo todo más o menos con nitidez. La verdad esque los días duros habían empezado hacía ya unas semanas. Las bajas de algunos empleados por la fiebre esa que decían venía de la niebla. El colapso de enfermos en las habitaciones y urgencias. Gente viniendo a hacerse chequeos. Todo era bastante caotico y más caotico se iba a poner. Ya habíamos visto alguna cosa rara los que pasamos practicamente el día currando allí. Aquella madrugada al parecer habían muerto las primeras victimas de la fiebre. Y esa misma mañana, joder.. vaya mañanita. No se dónde empezó todo exactamente. Sólo se que en menos de una hora el hospital era un auténtico caos. La gente corría empujandose por los pasillos abalanzandose hacia las salidas. Gritos, y más gritos. No esque fuera mi deber pero como personal del hospital fuí a buscar el origen del alboroto. Me econtré con un par de compañeros igual de extrañados que yo. No había coincidido mucho con ellos pero los tres subimos esclaeras arriba esquivando a la gente que bajaba como loca. En el descansillo de la escalera una enferme atendía a una mujer que se había desvanecido. Ojalá fuera la única que se encontraba indispuesta.
Llegados a la segunda planta cada vez era menos la gente que bajaba corriendo. Sólo nos cruzabamos con alguna que otra persona que bajaba con el rostro desencajado sin prestarnos atención. Pasada la tercera planta todo era silencioso. Aún recuerdo como se nos pusieron los pelos de punta. Ese escalofrío que nos recorrió el cuerpo. Casi puedo volver a sentirlo ahora. Terminamos de subir los escalones que nos faltaban. Un enorme pasillo se extendía de izquierda a derecha. Al fondo de uno de los extremos la sala de espera. Y en frente nuestra uno de los pasillos de habitaciones. Había hasta cinco pasillos iguales que empezaban en el lado opuesto a la subida de las escaleras. No nos atevíamos a hablar. Yo por no saber no me sabía ni sus nombres. Miré en dirección a la sala de espera parecía desierta, sin embargo, algo raro había en el ambiente.
-Vamos a mirar en la sala de espera mientras...-no me dió tiempo a terminar la frase cuando empezó a escucharse una especie de gemido, o quejido, con voz ronca y sin fuerza.
Los tres nos volvimos hacía el pasillo que teníamos delante cuando hice ademán de avanzar mi compañero me detuvo
-Podría ser peligroso Rodriguez- me dijo sujetandome el hombro. El muy idiota se había limitado a leer la chapita que llevaba sobre el pecho
-Viene de allí- respondió el otro de mis compañeros. Señaló hacía el pasillo.-Podrian necesitar ayuda-
Ayuda ibamos a necesitar nosotros... pero como imaginarlo entonces. Cómo suponer todo aquello sólo por una horda de gente escandalizada. Por un simple, gemido, gruñido, o lo que fuera aquello. Nos adentramos con precaución en el pasillo el gemido seguía repitiendose una y otra vez incansablemente. Las puertas de las habitaciones estaban cerradas o entornadas pero no tuve el valor de mirar dentro de ellas. Algo me daba mala espina. Al fondo el puesto de control de enfermeria se acercaba. Pero antes de llegar nos paramos frente a una habitación. La puerta estaba abierta de par en par. El suelo en el pasillo lleno de sangre no auguraba nada bueno. Al asomarnos a la habitación había una enfermera o más bien lo que quedaba de ella en el suelo. Sus tripas por los suelos y su boca aún abierta en un grito eterno. Pero aún mas impactante que aquello fue el ver a otra persona con bata de paciente sobre su cadaver ¿devorandolo?. Aún no podía creermelo. Aún sigo sin creermelo, simplemente no quiero. Uno de los otros dos compañeros solto una maldición y aquella cosa reparo en nosotros. Nos miro con esos ojos que miraban sin ver, toda la cara llena de sangre. Tuve que contenerme para no vomitar.
Cerramos la puerta rápidamente y al instante empezaron a escucharse golpes y gruñidos detrás de ella. El volumen del estruendo empezó a subir y fue cuando nos percatamos de que no procedía sólo de detrás de la puerta que acababamos de cerrar. Si no que en todas se escuchaban ahora gruñidos. De el puesto de enfermeria vimos como dos ¿personas? avanzaban hacia nosotros los brazos semi alargados como si pretendieran capturarnos desde aquella distancia.
-Mover el culo.- fue lo único que se me ocurrió decirles a los otros dos mientras me volvía sobre mis pasos dirección a las escaleras. Cuando estaba llegando al final del pasillo una de esas cosas estaba en medio. Imposible esquivarlo. Reparé en una camilla que había en el pasillo un poco mas alante. Y cogiendo carrerilla me abalancé sobre el. Calló al suelo de espaldas y no me paré a comprobar si se recuperaba o no. Enfile las escaleras mientras podía ver como de la sala de espera de aquella planta mas de aquellos seres caminaban hacía mi. Me crucé con los de "seguridad" que subían porra en mano. No recuerdo si alguien me preguntó algo mientras bajaba, pero lo que si que recuerdo esque no fuí capaz de contestar a nadie. Me monte en el coche sin siquiera quitarme el uniforme del hospital y salí pitando para casa.
Había tenido que coger una entrada muy anterior a la habitual porque la carretera estaba congestionada, supuse que sería por algún accidente, ya que no dejaban de pasar camiones de bomberos y ambulancias. Así pues me encaminé con el coche hacía mi casa. Estaba al lado del hospital y me temía lo peor. Venía reflexionando sobre ello por el camino. En la tercera planta habían muerto una docena de pacientes. Era en la que mas muertos se habían registrado esa madrugada. Lo sabía bien porque era mi obligacion bajarlos a velatorios en la planta baja del hospital. Entonces, ¿todos esos?, ¿eran los pacientes?, ¿cómo tenía que llamarlos?. Esa duda se me disipó al llegar a la altura del parque Liana. Alli había una buena cantidad de gente corriendo avenida arriba los podía ver pasar desde el semaforo en el que estaba parado... Entonces le reconocí era el maldito Joaquin corriendo como alma que lleva el diablo con unas tijeras de podar enormes en las manos y justo detrás suya otra multitud, si. Pero de zombis.
-¡¡Joaquin!!- grite sacando mi cabeza por la ventanilla.-
Se giró buscando quien le llamaba sin dejar de correr. Me vió y me saludo con la mano sin pararse ni un momento. <<Sera gilipoyas, pues no le perseguían decenas de bichos de esos y me saluda con la mano como si nada>>. Aceleré y pase bien cerquita de los zombis. Adelanté a Joaquín y paré unos metros por delante suya mientras abría la puerta del copiloto.
-¡Corre mamonazo!-
Montó en el coche resoplando y se paró a coger aire.
-¿Quieres cerrar? ¡Que los tenemos encima colega!.- le increpé.
Joaquín miró por dondé acabab de llegar y tenía a los zombis encima, fue a cerrar la puerta y rebotó sobre una mano. No se escucho ningun grito ni quejido por la acción como habría sido normal si no que los dedos no dejaban de moverse buscando a tientas. La puerta mantenía pinzada la mano del zombie mientras Joaquín hacia fuerza para que no abriera la puerta.
-¡¡Quieres arrancar me cago en tu abuela!!- dijo sin mirarme mientras se le veía hacer acopio de sus últimas fuerzas para mantener la puerta cerrada.
-Te debo una- dijo resplando.- recuerdamelo. ¿Que cojones esta pasando colega?.
-No lo se Joaquin. No lo sé.- estaba atardeciendo.









